Durante los últimos años, se ha hablado mucho del “fin del efectivo”. El auge del comercio electrónico, las aplicaciones de pago y las políticas públicas que promueven lo digital han llevado a pensar que los billetes y monedas están quedando atrás. Sin embargo, la realidad —en Chile y en el mundo— es otra. Lejos de desaparecer, el efectivo sigue siendo un componente vital del sistema económico, especialmente para millones de personas que aún dependen de él en su día a día.
Aunque hoy existe una mayor oferta de medios digitales, el efectivo sigue siendo ampliamente utilizado, sobre todo en transacciones cotidianas: comprar en la feria, pagar en el almacén de la esquina, o darle una propina a alguien. Además, en muchas zonas rurales o de difícil acceso, donde la señal es débil o inexistente, el efectivo sigue siendo la única forma de pago realmente confiable.
Y no solo eso: muchas personas aún no están bancarizadas. Según cifras internacionales, más del 20% de los adultos en el mundo no tiene cuenta bancaria.
En Chile, si bien la inclusión financiera ha mejorado, todavía existen brechas importantes, especialmente en sectores con menos acceso a tecnología. Para todos ellos, el efectivo no es solo una opción: es una necesidad.
Frente a emergencias o catástrofes, el efectivo demuestra ser insustituible. En situaciones como terremotos, incendios, cortes de energía o crisis sanitarias, los sistemas digitales pueden fallar. Lo vimos claramente durante la pandemia: en medio de la incertidumbre, muchas personas volvieron al efectivo como una forma de resguardar su dinero y mantener el control sobre sus finanzas.
A diferencia de los pagos digitales, que dependen de redes móviles, energía eléctrica o conexión a internet, el efectivo está disponible para cualquier persona, en cualquier momento. Por eso, tanto los gobiernos como los bancos centrales recomiendan siempre tener algo de dinero en efectivo para enfrentar imprevistos.
Una de las grandes virtudes del efectivo es su universalidad. No requiere dispositivos, planes de datos, contraseñas ni contratos. No importa si tienes celular o no, si estás bancarizado o no: todos pueden usar efectivo. Esta característica lo convierte en una poderosa herramienta de inclusión financiera, especialmente en comunidades rurales o en contextos de pobreza.
Desde esa perspectiva, garantizar el acceso al efectivo es también una forma de garantizar equidad. Nadie debería quedar excluido del sistema económico por no tener acceso a una cuenta digital o por vivir en una zona sin cobertura.
En tiempos donde la privacidad es un tema cada vez más sensible, el efectivo ofrece una alternativa que protege la identidad del usuario. A diferencia de los pagos electrónicos, que generan un historial de cada transacción, el efectivo permite comprar o pagar sin dejar rastro digital.
Además, muchas personas —sobre todo en contextos de ingresos variables o presupuestos ajustados— encuentran en el efectivo una forma más tangible y efectiva de controlar sus gastos. Ver y tocar el dinero ayuda a administrar mejor el presupuesto y a evitar gastos innecesarios.
Para que todo esto sea posible, se necesita una infraestructura robusta que garantice que el dinero en efectivo llegue donde tiene que llegar. En ese sentido, Loomis juega un rol estratégico: desde el transporte de valores y la gestión de cajeros automáticos, hasta soluciones tecnológicas como las cajas fuertes inteligentes SafePoint.
Gracias a una red operativa presente en todo Chile, Loomis asegura que bancos, comercios y personas puedan contar con efectivo cuando lo necesiten, incluso en zonas alejadas. Todo esto con altos estándares de seguridad, trazabilidad y eficiencia.
El efectivo no compite con los pagos digitales. Al contrario, ambos pueden coexistir y complementarse. Lo que se viene es un modelo mixto, donde cada persona pueda elegir cómo pagar según su realidad y sus preferencias.
Defender el acceso al efectivo no significa resistirse al cambio, sino asegurar que nadie quede fuera del sistema. Porque en una economía verdaderamente inclusiva, todos deben tener cabida —ya sea pagando con una app, con tarjeta, o con efectivo.
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